




















Por esta villa del norte de la provincia de Cáceres han pasado poblaciones desde vetones, celtíberos, romanos y godos. Desde época prehistórica, la Sierra Norte de Extremadura ha sido poblada por asentamientos que han ido dejando una homogeneidad histórica, evolutiva y cultural.
En los lusitanos predomina la raza Celta,sus habitantes demostraron un carácter guerrero, pues ofrecieron una dura resistencia en las guerras lusitanas (siglo II a. C.), y en concreto en la zona de Gargantilla se asientan los vetones, siglo V a. C., cuya cultura se desarrolla a finales de la Edad del Bronce,los vetones también se opusieron a la invasión romana. Este pueblo mantuvo, además, relaciones culturales con otros habitantes de la Meseta en lo que hoy en día serían las provincias de Ávila, Salamanca, Cáceres junto con Toledo y Zamora. De ellos son los típicos cerramientos del ganado con paredes de piedra superpuestas y también los chozos. Estas comunidades pastoriles del norte de Extremadura, que hunden sus orígenes en la prehistoria, serían las que mejor se adaptarían a la condición fronteriza del territorio o irían desarrollando gradualmente las estructuras sociales que conforman sus comunidades.
Cuando nace el Sexmo de Plasencia en 1189, Alfonso VIII otorga los límites de los pueblos del Valle del Ambroz, haciéndose concesiones de tierras por parte de la Corona en lo que denominamos tierras de realengo, siempre con la administración delegada del sexmo de Plasencia y a Gargantilla se le concede baldíos y dehesas boyales, consistente en el fruto del suelo: es decir pastos para el ganado de las familias y pequeñas superficies cultivables cuando éstas se hacían necesarias, incluso si el suelo era de mala calidad, en la Dehesa del Palancar, que está en el siglo XIX en manos del Ayuntamiento, así como el fruto del vuelo, o sea, lo que se obtenía de los árboles: leña, combustible, corcho, etc., siendo estos de una importancia en el complemento básico para su subsistencia. También era frecuente la petición de terrenos de montes y baldíos, utilizando el verbo «descuajar». En 1888 se publica el trabajo de la Comisión formada por Emilio Carreño (Peraleda), Antonio Fco. Erimia (Talaván), Antonio Garrido (Gargantilla), Antonio Díaz Sánchez y Juan Aparicio Rosado (Plasencia), con el título de » Memorias sobre los bienes pertenecientes al Sexmo de Plasencia «.
La primera mención de Gargantilla en la historia reciente, comienza cuando España se encuentra dividida en dos reinos: Castilla y León. Perteneciente al Ducado de Béjar, se hace cargo de la parte de arriba de Aldeanueva del Camino, junto con su iglesia de Ntra. Sra. de los Olmos, de la cual formó parte hasta que en 1833 con la reforma provincial de Javier de Burgos y pasó a formar parte de Extremadura, haciéndose efectiva la división provincial.Los ilustrados como Jovellanos a la cabeza habían puesto en entredicho los bienes comunales. Y es por primera vez que el Sexmo de Plasencia concede a Gargantilla la privatización de uno de los aprovechamientos: se trata de la » Real facultad para arbitrar el fruto de la bellota y la castaña «.
Según dice Antonio Castaño Fernández, al salir de Plasencia y antes de llegar a la villa de Baños de Montemayor se encuentra sobre la ladera de una montaña llena de castaños, la aldea de Gargantilla toma su nombre, mediante sufijación diminutiva de la forma en «illa» del topónimo del nombre de sus pobladores. Con la conquista de Coria (1142) que conllevo la despoblación de musulmanes, el territorio del norte del Tajo quedaría desprovisto de toda estructuración islámica. La repoblación corrió a cargo de castellanos procedentes del alfoz abulense de Ávila y sus contornos siendo estos a su vez procedentes de la zona de Aragón y Navarra. Surgiendo un dialecto específico denominado «alto-extremeño», más castellanizado, diferenciado del de la zona de Las Hurdes que lleva la aportación leonesa. En aquéllas repoblaciones tuvieron un papel decisivo las Órdenes Militares del Temple, de Santiago y de Alcántara, este podía haber sido el caso de la abadía de Sotofermoso, la ermita de Santihervás, el castillo de Segura de Toro y la torre vigía de Gargantilla, que pasarían a posesión templaria a partir de mediados del siglo XII.
A la caída del Régimen de Franco se constituyó en municipio constitucional de la región de Extremadura, perteneciendo desde 1834 al partido judicial de Granadilla en la provincia de Cáceres, y en la actualidad pertenece al partido judicial de Plasencia. En 1842 contaba con 120 hogares y 657 habitantes. A mediados del siglo XIX el lugar tenía contabilizadas 120 casas. Aparece descrito en el octavo volumen del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz de la siguiente manera:
GARGANTILLA: l. con ayunt. en la prov. y aud. terr. de Cáceres (20 leg.), part. jud. de Granadilla (3), dióc. de Plasencia (6), c. g. de Estremadura (Badajoz 34). sit. á la bajada O. de la cordillera del ramal izq. que se divide en el puerto de Baños, en algunas mesetas que forma la sierra con clima frio; reinan los vientos N. y O., estando defendido del E. y S. por la proximidad de las montañas, y se padecen tercianas y reumatismos: tiene 120 casas de 2 pisos las mas y de 8 á 10 varas de altura, de mala distribucion interior, que forman calles irregulares y poco limpias, 1 plazuela empedrada y 1 plaza terriza con 1 álamo en el medio: hay casa de ayunt. y cárcel ruinosas é inservibles, escuela de primeras letras, dotada con 1,100 rs. de los fondos públicos, á la que asisten 28 niños y 8 niñas, 1 igl. parr., dedicada á San Pablo Apóstol, curato de término y provision ordinaria, del que es aneja la parr. de Aldeanueva del Camino, parte de arriba (V. ese l.); en los afueras 100 pasos al N., 1 ermita dedicada á San Bartolomé, de la que solo existen las paredes, y sirve de cementerio: se surte de aguas potables en una fuente á 200 pasos del l. en su parte mas alta, construida en el año 1842, con pilon de canteria labrada y 2 caños de agua abundante y esquisita. Confina el térm. por N. con el de Aldeanueva del Camino y Hervás; E. Cabezuela; S. Segura; O. Granja de Granadilla, á dist. de 1/4 á 1/2 leg. por todos los puntos, escepto por el E. que se estiende 1 leg. por toda la subida de la sierra, hasta donde se llama el Puerto de Honduras, que dobla la cord. y baja á Cabezuela y demas pueblos del valle y vera de Plasencia en terreno montañoso y quebrado, cubierto de montes de castañar, encina y roble, prados naturales, huertos, viñedo, olivares y monte bajo rozado, quemado y roturado: el monte castañar está aislado, y ocupa una colina al E. de 1/2 leg. de circunferencia; la deh. de encina y alcornoque, 600 fan. al O. en la parte menos quebrada, y se siembra mucha parte de ella; los baldios radican en las sierras del E. y S.; sus pastos son de aprovechamiento comun. Baña el térm. un torrente ó garganta, sin nombre especial, que nace de las vertientes de las sierras al O.; tiene 2 puentes de madera, y despues de dar riego á los huertos y heredades, cruza las calles de Aldeanueva, y desagua en el r. Ambróz. Los caminos son de pueblo á pueblo, mal cuidados é intransitables para carros. El correo se recibe en la adm. de Plasencia por balijero cada 8 dias. prod. algun centeno y cebada, poco trigo y garbanzos, vino, aceite, pimiento, frutas y muchas patatas y castañas; se mantiene ganado cabrio, de cerda, lanar, vacuno, caballerias de carga, y se cria mucha caza de todas clases y pesca de truchas solamente. ind. y comercio: 1 molino harinero, 1 tejedor de lienzos, el cebo de cerdos que se venden en el mercado de Aldeanueva; se importan cereales de Castilla, sacando en cambio las castañas y frutas. pobl.: 120 vec., 657 almas. cap. prod.: 598,300 rs. imp.: 29,915 rs. contr.: 4,003 reales 9 mrs. presupuesto municipal: 3,000 rs., del que se pagan 2,000 al secretario por su dotacion, y se cubre con el producto de los propios; que consisten en los montes de castaños y deh. de encinas ya referidos.
Hubo en este térm. un cast., y al estraer sus cimientos, se hallaron 2 lanzas con sus cubos, de 1/2 vara de largas, y un pucherito de barro rojo; en otros sitios se han hallado sepulcros.
(Madoz, 1847, p. 315)
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